sábado, 5 de marzo de 2016

Off topic: A 5 años de la visita de Paramore a Venezuela


Las imágenes de lo que viví el 4 de marzo de 2011 siguen claras en mi mente, a pesar de que hay cosas del concierto que me cuesta recordar. Lo bueno es que lo más importante aun sigue grabado en mi memoria. y quise compartirlo con ustedes. Probablemente esta entrada sea larguísima y les aburra, así que los que deseen llegar hasta aquí, los invito a ver las demás reseñas y artículos disponibles para ustedes. Para los que se quedan, acá les cuento mi experiencia.

La acción como tal comenzó a unos cuantos días antes del concierto, cuando aún no sabía que iría. Tenía 14 años y cumplía 15 en junio, por lo que hasta ese momento estaba centrada en lo típico que se hace en la latinoamérica: mi fiesta de quinceañera. La verdad es que comenzamos a planear la fiesta desde mucho antes de que Paramore anunciara su paso por Venezuela, y yo sentía que pedirle a mis papas una fiesta y las entradas a un concierto era demasiado. En mi cabeza, estaba resignada a no ir.

Dos días antes del concierto mis papas anunciaron muy sencillamente que habían comprado las entradas. No supe si salté o grité, quizás ambas. En mi mente ya estaba en el concierto. Por supuesto que, a partir de ese momento, habían asuntos serios para ser resueltos. Primero el transporte a Caracas que debía hacerse temprano pero sin carro, y segundo, qué haríamos con mi hermana menor, quien tenía apenas 4 años. Yo, montada en una nube, no estaba realmente pendiente de esos problemas.

Fuente: Tumblr

Menos mal que en aquella época era un miembro activo del PFCV (Paramore Fan Club Venezuela), y me conectaba con los demás a través de Twitter y Facebook. Durante las semanas cercanas al evento, un grupo de mi estado se había puesto de acuerdo para alquilar una van, junto a un chofer para evitar ese rollo de estar yendo en transporte público. La van prometía esperar a sus pasajeros hasta terminar el concierto y regresarnos ese mismo día. Ellos fueron la solución inmediata.

El día del concierto llegó y estaba tan emocionada que no dormí. En mi cabeza, teníamos que estar en Caracas máximo a las siete. Por supuesto eso no pasó, aunque a las cinco estábamos saliendo de nuestra casa, la van partió dos horas tarde. El vehículo iba lleno de muchachos mayores que yo, con sus audífonos clavados en los oídos y el ceño fruncido. Yo, en cambio, iba demasiado animada con ganas de conocerlos a todos, y en compañía de mis papas y mi hermana. Me resulta gracioso imaginarme el escenario desde fuera, pero no me avergonzaba y me sentía feliz .

En fin, cuando llegamos a Caracas nos perdimos; el chico que manejaba la van no tenía la menor idea de donde quedaba el C.C.C.T y nosotros tampoco. Así que empezamos a pedir indicaciones, que solo sirvieron para enrollarnos más. No recuerdo cómo llegamos allí, pero recuerdo la ansiedad que tenía y las ganas de golpear a todo el mundo por la hora. Eran las nueve de la mañana y lógicamente la cola ya estaba más que formada, llegaba al sótano-estacionamiento, ¡cuatro pisos por debajo!

Durante las siguientes horas que teníamos de espera, pues el concierto era a las seis de la tarde, pasaron muchas cosas. Primero hubo un alboroto por el soundcheck, la gente salió corriendo y empezaron a escalar un gran muro de tela y tubos que ocultaba el escenario del gentío. Yo también quise correr, pero la endemoniada cola que estaba haciendo era demasiado importante. Más tarde, la misma quedó convertida en embudo, y casi quedo sepultada por la multitud gracias a unos individuos que empujaban el grupo con demasiada fuerza.
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De hecho, eso fue lo más horrible para mí y creo que debería contar bien la cosa. Imagínense este escenario: yo con mi escaso metro sesenta de estatura y mi mamá con su uno setenta, metidas entre un mar de hombres (y mujeres) postpubertos, de por lo menos un metro ochenta. ¿Lo tienen? Bien. Cuando comenzaron los empujones mi mamá se colocó estratégicamente tras de mí, abrazándome la espalda para evitar que me tumbaran y me fuesen a pasar por encima; mientras se mantenía aferrada al brazo de un chico llamado Gabriel (de la van). Yo caminaba de puntillas, estirando la cabeza de vez en cuando para poder respirar, pues la altura y el calor corporal de los demás me ahogaba. 

Aún así estaba decidida a no rendirme, a resistir, pues si abandonaba la fila me quitarían mi oportunidad de estar más cerca del escenario y eso no lo iba a permitir. En mi ingenuidad, creí que así lo haría, pero no. La cosa se puso sería y se armó un jaleo de repente. Un empujón me mandó directo al codo del chico Gabriel, estampándose contra mi tráquea, bloqueando por completo la respiración. Supe que me iba a desmayar, lo sentí. 

No estoy segura de cómo fue que mi mamá se dio cuenta, pero recuerdo su mirada de pánico y sus gritos. Sacando fuerza de no sé dónde, comenzó a abrirse paso entre el gentío mientras me sacaba del brazo. Yo, tozuda como un burro, puse resistencia hasta que no pude más. Las personas alrededor comenzaron a entonar un muy, pero muy vergonzoso "¡Ésa es su mamá! ¡Ésa es su mamá!" que jamás olvidaré. Cuando me di cuenta estaba fuera de la fila, no me había desmayado y podía respirar bien de nuevo, pero había perdido mi lugar. Sin poder evitarlo, comencé a llorar. 

Mi mamá también lloró, frustrada por verme en un estado de histeria mientras que muchos chicos comenzaban a pasar a la arena. Mi papá y mi hermana se nos unieron, pues ya era hora del concierto y nos buscaban para avisarnos el lugar de encuentro al finalizar. Ahí fue cuando me di cuenta que habían muchos papas a nuestro alrededor, con chicos y chicas de mi edad en la misma posición. El embudo los había escupido. Muchos comenzaron a ofrecerles dinero a los de seguridad para que dejaran pasar a sus hijos, y varios aceptaron. Nosotros ni queríamos ni estábamos en la posición de hacerlo, de hecho, prefería mil veces esperar a que la fila se acomodara que apoyar una actitud tan sinvergüenza. 

Pero mamá no se rendía. Fue gracias a ella que logré entrar a ese concierto pues se dio cuenta antes que nadie que la cola de los chicos que ocuparían los palcos (asientos) se había acabado. Solo tuvimos que pedirle al chico que recibía las entradas que nos dejara pasar, y como ya no había más nadie allí, lo hizo. Lo que siguió fue algo que recuerdo muy hilarante: ambas brincando varias hileras de las rejas esas pequeñas que ponen en los conciertos como divisores; me tropecé y enrollé con una mientras ella perdía la poca paciencia que le quedaba. 

Lo siguiente fue esperar a que Paramore apareciera. Pasó por el escenario una banda llamada Cambio de Hábito a la cual le tenía mucho rencor, pues en el PFCV estabamos apoyando, en un concurso que hizo previo al concierto. a Ninah Mars y los Stickfaces para que fueran los teloneros, pero Profit Eventos (la empresa de conciertos) no dejó que participaran. Todos los que estabamos allí nos sentamos en el suelo de la terraza del centro comercial a esperar que aquella banda random se fuera. Algunos hasta pitaban. Hoy en día lo pienso, y quizás fue demasiado duro de nuestra parte hacer aquello. 

¡Ah! y cuando ya estaba pronta a salir la banda, vino un hombre altísimo a amenazarnos con un cigarrillo encendido. Recuerdo perfectamente sus palabras pues me asusté muchísimo, dijo: "O se quitan, o las quemo". Nosotras, obviamente, le dimos el paso. Igual estábamos cansadas de no poder respirar así que buscamos un espacio abierto desde donde poder disfrutar el concierto sin mayores problemas, y así fue.  El publico se apretujó tanto al frente que ni siquiera estábamos lejos del escenario, era perfecto. 
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Una hora después de lo pautado, se apagaron las luces y comenzó una de las noches más locas y maravillosas de mi vida. Hubo cosas realmente memorables durante el concierto: Hayley pidiendo a la gente que alejara de la barandilla porque las personas en primera fila se estaban golpeando contra ella y habían heridos, luego ella misma preguntando al público si podía bailar, diciendo algo que sonó a "i'ts time to shake your Caracas!" (durante CrushCrushCrush); Taylor y Jeremy moviendo el trasero (¡la mejor parte!), pero sobre todo, el momento que Hayley prometió volver. 

Así que aquí estoy, muerta de nostalgia porque Jeremy ya no estará, y esperando que regresen algún día. ¡Suertudos los que pueden ir al Parahoy justo este fin de semana! Muchas gracias a los que llegaron hasta acá en la entrada, gracias por leerla porque  de verdad que quería compartirla. Pronto tendrán otra reseña de  Personal Normal de Benito Taibo. 

4 comentarios:

  1. Hola, jajaja me gustan unas cuantas canciones de esta banda, pero ni idea de que habían venido a Venezuela, para aquel tiempo tenia 4 o 5 años nose. Linda entrada, me gustaría que te pasaras por mi blog y le hecharas un vistazo;http://attitude-it-gleams.blogspot.com/

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    1. ¡Hola! Me he pasado por tu blog y me encanta el diseño. Es genial que seas venezolana, ¿nos seguimos? Saludos

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  2. HOLAAAAAAAAAAA
    jajajaja vayas cosas te pasaron y que emocion ¿no?
    asi me senti yo cuando fui al concierto de camila, casi muero de la emocion, llore y cante todas las canciones a todo pulmon jaja... Es tan genial :D
    saludos

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    1. ¡Hola! Muchas gracias por comentar la entrada y por leerla. Creo que un de los mejores sentimientos que hay en la vida es poder ver a esa banda o cantante que te hace sentir muchas cosas con pocas canciones. Siempre me han gustado las canciones de Camila, las viejitas, y últimamente las he escuchado bastante en el autobús que nos lleva a la universidad. Me alegra muchísimo que hayas podido verlos en vivo. Un abrazo.

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